Cuenca artesanal

Cuenca es una ciudad todavía pequeña -alrededor de 400 mil habitantes-, dotada de muchos encantos: excepcional posición geográfica,  belleza del paisaje y armoniosa arquitectura. Pero el principal atractivo de Cuenca es el espíritu de su gente, honesta, trabajadora, capaz de sobreponerse a las mayores catástrofes y seguir viviendo y creando. El alma del cuencano está llena de cordialidad y profundo y viejo sentido hospitalario. La creatividad es otro de los valores presentes en el carácter del cuencano, y la misma, se expresa en las  múltiples y coloridas formas de la artesanía local.

Algunos se han preguntado, en cuanto a la artesanía cuencana, el por qué de su importante producción. Quizás la razón histórica más fuerte sea que los terrenos de viejo volcanismo de la provincia del Azuay no son mayormente fértiles, y el habitante percibió esto en todo momento. De ahí la tradición cerámica precolombina, cuya expresión mejor parece hallarse en la nunca bien estudiada fase Challuabamba, que ha dejado piezas de una delicadeza suma.

La Colonia conoce, sobre todo, el desarrollo de los tejidos, el trabajo en madera, la imaginería y la platería. Pero es en el siglo XX cuando se da la apoteosis artesana. En el bordado: las hábiles manos de nuestra gente adornan vestidos y otras prendas de casa con inmensa gracia; en las labores en metales finos: plateros y orfebres azuayos despliegan su fantasía y oficio en piezas que adornan tanto a las imágenes religiosas de culto, cuanto a las bellas mujeres del sector; en la forja de hierro, en que son expertos los artesanos del barrio tradicional de Las Herrerías; en la cerámica de todas las clases y orígenes imaginables: fina, vidriada, colorida, doméstica, industrial, artística, inspirada en lo ancestral, influida por Europa, moderna y tradicional,  siempre rubro importante de nuestra economía; en los tejidos y su utilización en prendas y objetos a la moda, tanto paños que vienen de Bullcay y Bulzhún, así como fajas y ponchos que llegan del Cañar. Y, por supuesto están las piezas talladas en madera, los cueros repujados, el vitral, la cerería, los objetos en cuerno, en piedra, en hojalata… Todo un despliegue de formas populares o sofisticaciones, que salen de los talleres de artífices, y que nunca acaban de sorprendernos. 

Cerámica

La cerámica es  una de las artesanías de mayor arraigo en la historia del pueblo cuencano. Su orígen se encuentra en las primeras culturas precolombinas en la región, en el período formativo (4.000 a.C – 500 a.C). Hacia el año 2.500 a.C, la cultura Narrío elaboraba ya piezas cerámicas de gran calidad, las mismas que aun hoy en día sorprenden por su finura y exquisita decoración con diseños geométricos o con esculturas zoomorfas modeladas en los bordes de los recipientes. Más tarde, culturas como la Cazhaloma, la Tacalzhapa y la Challuabamba, continuaron la tradición cerámica en la región, modelando con distintas técnicas como la del golpeador o “huactana”, piezas como vasijas, platos y vasos antropomorfos o zoomorfos. Los Incas a su llegada, a finales del siglo XV,  introdujeron nuevas técnicas y estilos, con piezas muy representativas como los “aríbalos”, que son  vasijas de base terminada en punta con dos grandes asas funcionales a sus costados.

Hoy en día la cerámica en el Azuay es el resultado de un mestizaje que combina técnicas aborígenes y españolas. En su producción trabajan hombres y mujeres que infatigablemente, elaboran piezas que se caracterizan por su buen gusto y originalidad. Para ello se emplean técnicas como el moldeado a mano, los golpeadores o “huactanas” y el torno. El proceso es largo y laborioso, pues incluye el amasado del barro, el moldeado, la cocción en horno y el vidriado o barnizado. Pero además de la producción artesanal y/o artística, en Cuenca se encuentra muy desarrollada la cerámica industrial;  piezas como tejas, baldosas y recubrimientos varios, son reconocidas a nivel nacional e internacional por su calidad.

Textilería

El arte de los tejidos es  también una tradición de gran antigüedad en la región de Cuenca. Se tiene conocimiento que los cañaris empleaban técnicas de tejido muy similares a las que actualmente se utilizan en las zonas rurales. Se elaboraban por ese entonces, prendas con fibras vegetales como la cabuya y el algodón (que se lo obtenía en comercio con culturas de la costa) Mas tarde  los Incas  introdujeron la lana de los camélidos y los europeos la de las ovejas, diversificándose así los estilos y diseños de los tejidos. Los tintes se los obtenían de todo tipo de plantas, flores y frutas, tal como se lo sigue haciendo  hoy en día en algunas comunidades campesinas.

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