La Noche Cuencana



Pocas tradiciones resultan ser tan llamativas y atrayentes en nuestra ciudad, como la "Noche Cuencana". En ella  se da un magnífico despliegue de luz, color, música y gastronomía que cautiva a propios y extraños, pues sintetiza  algunas de las costumbres de mayor encanto de nuestra tierra.

Entre los elementos que mas se destacan en estas festividades, está la pirotecnia. Según los investigadores Gerardo Cantos y Carlos Galindo, la introducción de esta costumbre se da con la llegada de los españoles, quienes la utilizaban  en las celebraciones religiosas como el Corpus Cristi. Es así como  en tiempos de la colonia, nace una de las actividades artesanales de mayor popularidad en el pueblo cuencano. Mestizos e indígenas, que han transmitido sus conocimientos a sus descendientes de generación en generación, aprendieron de los españoles el arte de fabricar todo tipo de artificio destinado a alegrar principalmente las fiestas religiosas. Por nombrar algunos tenemos: cohetes, ratones, palomas, castillos, voladores, bengalas, vacas locas y globos. Algunos de estos fuegos artificiales conllevan interesantes simbolismos. El castillo por ejemplo, es usado principalmente en la fiesta del Corpus Cristi y por lo tanto, es una representación de la Custodia, mientras que los globos, también utilizados en toda fiesta religiosa, recuerdan las ofrendas que un pueblo agrícola hace a su Dios que está en el cielo.

Otro de los elementos que no puede faltar en estas fiestas, es la música, la misma que tiene una expresión muy particular y propia de nuestra cultura mestiza al fusionar lo europeo con lo andino. Las bandas de pueblo son las encargadas de amenizar las bellas veladas cuencanas y sus instrumentos de origen europeo (trombones, trompetas, tubas, saxos y clarinetes) aun hoy en día entonan ritmos andinos ancestrales que hacen el deleite de todos los presentes.

A todo lo anotado se suma la deliciosa gastronomía cuencana. La fiesta  de música y luces de color, no está completa sin los tradicionales canelazos y sin los puestitos de comida en el que afanosas vendedoras ofrecen a todos los presentes lo más sobresaliente de la cocina popular: tamales, llapingachos, tortillas, humitas y demás.

La noche cuencana es pues, sin dudas, una invitación al deleite de todos los sentidos. El aroma del agua de canela que hierve con aguardiente y naranjilla, inunda seductoramente el lugar, mientras que los ritmos alegres y bullangueros de las bandas, incitan a todos a mover sus cuerpos mientras contemplan el maravilloso espectáculo en el que los fuegos artificiales iluminan la noche.





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